
Socio, no olvidare nunca tu cara de “Me he salido con la mía”.
Y así ha sido. Te has ido rodeado de los que mas te han querido. Uniendo a tu familia mas que nunca, como ultimo regalo tuyo para nosotros.
Solo te faltaba la Abuelita, que lleva esperándote mas de seis años. Y la cortesía obliga a no hacer esperar a una dama… Ahora os imagino felices juntos, y es un consuelo.
Estos años de “prestado” como decías, han sido para nosotros una oportunidad de conocerte mejor. Reconozco que de pequeña me imponías mucho e “ir a ver a los abuelos” significaba dejar de jugar para comportarse como una señorita. He tenido que crecer para valorar bien lo que tenia.
Te doy las gracias por los imborrables recuerdos que tengo. Como aquella vez que fuimos a ver Titanic juntos, y me obligue a no llorar delante tuyo porque se suponía que ya era una niña mayor. O todas las veces que me has dado argumentaciones convincentes para mis negociaciones madre-hija (si, Mamá, el abuelo era mi cómplice…). Mi primer desamor lo viviste a mi lado de primera mano, y las palabras que me dijiste aquella vez me han servido más de una vez. Las partidas de petanca en la playa, que os picabais tu y mi hermano para ver quien ganaba. Aquel día que fui a tu casa, recién llegada de excavar en Egipto con todas las fotos, y aunque estabas cansado, aguantaste mi verborrea durante horas sin quejarte (llego a ser yo, y me hubiera hecho callar mucho antes…). Esos paseos que dábamos las mañanas que no tenia clase y nos poníamos al día, en los que siempre terminábamos sentados al sol para ver “si cogíamos algo de moreno”. Las veces que hemos planeado el amigo invisible juntos, y una vez en concreto, que lo compramos juntos: tu la hucha-cerdito y yo las pelucas. Recuerdo a los niños pequeños que nos miraban perplejos, mientras analizabas las virtudes y la importancia de ahorrar, con un cerdo rosa en la mano… En cuantas comidas familiares has sido mi “compañero de fatigas”; ahora tendré que lidiar a solas con mi padre cuando me apresure para terminar de comer o me haga repetir… La vez que fui a verte a la clínica y me dijiste “guapísima”, y te reíste cuando te dije que era cosa de genética y respondiste que a lo mejor era la medicación que estaba fuerte, poniendo esa cara de pícaro “marca de la casa”. Las veces que con solo una mirada, me sonreías y nos entendíamos. Cuando fuimos a ver Piratas del Caribe y los comentarios y risas durante y después de la peli. Y siempre pensare que pasara tiempo hasta que tenga mejor pareja de boda que tu, porque además de tu buena planta, me reí muchísimo contigo y me dijiste en el coche que estabas orgulloso de mi. Tantos recuerdos como veces que hemos estado juntos. Gracias por todos ellos.
Echare de menos nuestras charlas: mis confesiones de líos amorosos y tu empezabas con tu “En mi época las cosas…”; tus intentos de que entendiera la economía, los míos para que aceptaras las tendencias mas estrambóticas como moda; cuando te mostré mis dibujos y viste buenas ideas en ellos; las veces que te he propuesto que fueras mi socio y preferías ser asesor con la excusa de “dile a tu madre que sea ella tu socia capitalista, esto es mas de chicas”. Confieso que muchas veces cuando me contabas historias, pensaba “pufff, batallitas del abuelo”, y ahora pagaría porque volvieras a contármelas. Pero de todas sacábamos tus nietos la misma conclusión: siempre has tenido algo mas que sentido común, aunque siempre dijeras que “sobre todo, eso es lo que tenias”. Siempre has mostrado una calidad humana increíble: cariño, generosidad, valor, sacrificio, entereza, optimismo y fuerza de voluntad. (¡Ah! Y constancia! Que siempre te ponen de ejemplo cuando me recomiendan que sea constante, algo que desde luego no he heredado… )
Gracias por la lección de Vida que nos has enseñado hasta tus últimos días. Has dejado el listón muy alto para las generaciones que te seguimos, pero se que intentaremos estar a la altura. No mereces menos. ¡Has sido un gran abuelo!
Solo espero que mis nietos (algún día sentare la cabeza, ya lo sabes…) me quieran tanto como nosotros a ti.
Y, sobre todo, GRACIAS por haber creído en mi.
Te echo realmente de menos. Pero algún día, volverás a tener que aguantarme.
Así que disfruta del tiempo con la Abuela, que se que estaréis bien.
Te quiero socio.
Mua
Inés Basail de Torres-Solanot.
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